Pero más que un concurso musical, este certamen anual, que en esta oportunidad llega a su versión número 12, es todo un proceso cultural que tiene en cuenta aspectos tan relevantes como el patrimonio, las tradiciones orales, los instrumentos autóctonos y las formas de comunicación de una amplia zona de Colombia que durante cinco días y cuatro noches se toma muy en serio aquello del goce y el divertimento.
El Petronio, como se le conoce en las calles de la capital del Valle del Cauca, intenta contagiar con su alegría a propios y foráneos. En algunos rincones ni siquiera se conoce, pero en otros, como en el área del centro donde se hospedan los músicos y las distintas delegaciones procedentes del Cauca y Nariño, la alegría es total. Una conversación de tambores inunda el ambiente. Los artistas del primer piso entonan una melodía, mientras los del cuarto preparan, a punta de golpes de cuero, su respuesta. El tema es obligatorio: la música. Sin embargo, se aborda con libertad y complacencia. el espectador
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